Lo relevante
 
   
 

Permítaseme en esta Sesión Extraordinaria y con el motivo que la originó, recordar algunos consejos que Don Quijote dio a Sancho para que gobernara bien la Ínsula:

"Has de poner los ojos en quién eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Nunca te guíes por la ley del encaje, que suele tener mucha cabidad con los ignorantes que presumen de agudos. Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia, que las informaciones del rico. Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico como por entre los sollozos e importunidades del pobre. Cuando Pudiera y debiera tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente; que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo. Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de dádiva, sino con el de la misericordia. Al que has de castigar con obras no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones".

Señor licenciado Mauro Hernández Pacheco, Presidente del Supremo Tribunal de Justicia del Estado, señoras y señores Magistrados miembros de este H. Cuerpo Colegiado, distinguidos invitados:

Mucho me halaga, me honra y me enaltece, el haber sido recipiendario de la encomienda del señor Presidente del Supremo Tribunal de Justicia del Estado de Michoacán, a fin de dirigirme a los presentes con motivo del nada grato, pero obligado acuerdo, de retiro forzoso del licenciado Juvencio Camacho Acevedo como Magistrado de la Sexta Sala Penal del Supremo Tribunal de Justicia y miembro distinguido de este prestigiado Cuerpo Colegiado.

Digo que no es grato pero obligado, porque todos sus compañeros deseamos en lo más profundo de nuestro ser, seguir contando con su experiencia, su acertado juicio, su inquebrantable apego al derecho y su conmovedor amor por la justicia, cualidades con las que al menos formalmente no contaremos, en razón del contenido de una norma fría y lapidaria, que obliga a retirarse a un ministro de la justicia a la edad de setenta años, cuando como en el caso del señor Magistrado Camacho Acevedo, en plenitud de sus facultades mentales lo privan del legítimo derecho de seguir regocijando a su espíritu al sentir cotidianamente que persigue el valor supremo de la justicia, subirse al vehículo para que ésta impere y lograr contribuir así al estado de derecho, como máxima aspiración de toda sociedad civilizada.

El Magistrado Juvencio Camacho Acevedo, cumple ya los setenta años, dejando a su paso por el Supremo Tribunal una huella nítida de su entereza, su reciedumbre espiritual y su cabal entrega al cumplimiento de la misión encomendada, lo que conlleva a la convicción plena de que, su actuación siempre serena, tranquila, lúcida y firme, eliminará los escollos que se interpongan en su peregrinar por esta vida.

No resulta inadvertido para todos nosotros, su lugar de nacimiento Zitácuaro, Michoacán, donde Juvencio Camacho Cortés y Ma. de Jesús Acevedo Hernández, con profundo amor lo hicieron participar del primer peldaño de la vida, brindándole los más elementales instrumentos para su defensa contra las vicisitudes de la existencia, basados en un ejemplo de nobleza de corazón y autenticidad de méritos; por cierto bien aprovechados por el hoy aludido, de quien estoy seguro, sus progenitores donde quiera que se encuentren, estarán orgullosos como en estos momentos lo están su esposa, Angela Díaz Saucedo, y sus hijos: Lilia, Ernesto, Juvencio, Francisco y Angela Camacho Díaz, sin olvidar a sus innumerables nietos.

No puedo dejar de evocar en estos momentos, una parte de la vida del Magistrado Camacho Acevedo, dedicada al ejercicio de la judicatura, llena de ilusión y de esperanza, de esfuerzo, de sacrificio y de grandes satisfacciones, aunque también, lógicamente de ocasionales tropiezos y desilusiones. Fue secretario de los Juzgados Primero Penal y Primero Civil de Morelia, Juez de Primera Instancia en Uruapan, Juez de Primera Instancia en Pátzcuaro, Juez de Primera Instancia en La Piedad y culminó su brillante carrera como Magistrado de la Sexta Sala Penal del Supremo Tribunal de Justicia del Estado, cargos que desempeñó con probada honestidad, capacidad, excelencia y profesionalismo, sin soslayar haber transcendido meritoriamente en otros campos del derecho como titular de las cátedras de derecho procesal penal y procesal civil en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, donde también ocupó el cargo de Presidente de la Sociedad de Alumnos. Su desempeño como profesor de enseñanza secundaria en Angangueo, Michoacán, marcó la pauta para su buen desempeño en la cátedra en la Facultad de Derecho.

En usted sus hijos, en particular los licenciados en derecho, tendrán la inobjetable fortuna del ejemplo diario de una profunda meditación frente a un cuaderno de actuaciones y de la única pasión permitida a un juzgador, la pasión por la justicia, pero no incontrolada, sino rígida y complementada por el ejercicio de la virtud, la imparcialidad y la vocación de servicio.

Cuando se recibe el nombramiento de Magistrado del Supremo Tribunal de Justicia, se es consciente de la enorme responsabilidad a la que nos enfrentamos ante los justiciables, olvidando muchas ocasiones con pena la buena relación que nos une con otros funcionarios, familiares, amigos o compañeros de generación que llegan a causar serios conflictos deontológicos y rompimiento doloroso de esa armónica convivencia. Pero aun y cuando a todo ello se enfrentó, supo en sustento de todas sus cualidades, imponer su sereno juicio, dejando así al margen la suspicacia falaz tan de moda en el campo de la administración de justicia; lo que nos obliga a dejar en este acto, testimonio de profunda admiración al hombre que entregó parte de su vida a decir el buen derecho.

Señor licenciado Juvencio Camacho Acevedo, debo confesarle que no me resulta nada fácil cumplir con esta encomienda, sobre todo cuando sentimos la nostalgia de una despedida, si consideramos por una parte, que a través del contacto diario con usted y que ha sido durante muchos años, hemos constatado sus cualidades de jurista y todas las demás de las que goza: rectitud de ánimo, hombría de bien, integridad, honradez en el obrar, lealtad y sencillez en su trato, que lo han llevado a coronar una distinguida carrera y conquistado el afecto y el respeto de todos. Y por la otra, que nos privaremos de sus chascarrillos, de sus variadas y sustanciales gotas de buen humor, de su charla amena, de su trato cordial y de su sana crítica, pero sobre todo de sus oportunos y sabios consejos cuando fueron requeridos. Disfrute del nuevo derrotero de su vida, bríndele a su esposa y a su familia el tiempo que por muchos años les fue regateado y siga siendo feliz.