La historia comienza un día 5 de mayo de 1897 a orillas de Coalcomán, cuando unos arrieros pasando cerca de la Barranca de los Farias, alcanzaron a ver en el fondo el cadáver de un hombre, de inmediato dieron aviso al alcalde, quien al trasladarse al lugar de los hechos, reconoció al que en vida llevó el nombre de Lázaro Marmolejo, presentaba a mitad del pecho una herida al parecer causada con arma de fuego, y por manchas de sangre encontradas alrededor del cadáver, se creyó que el cuerpo había sido arrastrado.
Desde ese día, los habitantes de la región empezaron a comentar sobre las apariciones del muerto de la barranca, seguramente era el pobre Lázaro que aprovechando la oscuridad del camino, sacaba cada susto a los valientes que se atrevían a pasar por ahí, después de la medianoche.
Según los lugareños, el espíritu no descansaría en paz hasta que atraparan a los culpables. Así empezaron a circular diversas versiones sobre el móvil del asesinato, como aquella que mencionaba que el motivo sería cobrar una recompensa ofrecida por Santos Valencia, Tomás Cortés y Francisco Mojica, el pago: tres pesos a quien privara de la vida a Marmolejo por bandolero; también salieron a relucir problemas de faldas, situación que fue en realidad el motivo del crimen. Finalmente, las averiguaciones llegaron a la conclusión que el autor del asesinato era un tal Desiderio Preciado.
Pero las apariciones no pararon ni con el agua bendita arrojada por el cura del pueblo, ni con las misas ofrecidas en memoria del muertito, ni mucho menos con la encarcelación del homicida. Sin embargo, meses mas adelante, una mañana calurosa los pobladores de la villa, asombrados, se empujaban para alcanzar a leer un cartelón que pegado en la presidencia municipal, decía:
DESIDERIO PRECIADO
REO DEL DELITO DE HOMICIDIO CALIFICADO
COMETIDO EN LA PERSONA DE
LÁZARO MARMOLEJO
“A QUIEN VENADIO”
FUE SENTENCIADO A SUFRIR LA PENA DE
MUERTE Y SERÁ FUSILADO
EL LUNES 27 DEL ACTUAL A LAS DIEZ DE LA MAÑANA,
EN LA CARCEL PÚBLICA DE ESTA VILLA.
Coalcomán, Junio 24 de 1898.
Llegándose la fecha señalada se le pregunto al reo su última petición: llamar al sacerdote para que se le ministren los auxilios espirituales de la religión católica y poder morir espiritualmente en paz. Una vez cumplida su petición, se le preguntó si deseaba ser vendado o no, a lo que él aceptó, y poniéndose en guardia la artillería al mando del Teniente de infantería, Jesús Servin de la Mora, éste ordena la acción.
Cuentan los vecinos que a partir de ese día el alma en pena del muerto de la barranca, pudo descansar en paz.
Historia adaptada y basada del expediente número 9 del año de 1897, del Juzgado Primero de lo Criminal de Coalcomán.
Autora: María Guadalupe Estrada Chávez, escribiente del AHPJM |