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El Muerto de la Barranca


Remedios para el corazón


El Soldado sin cabeza


Obsesión


OBSESION

 

Pasión Secreta


Los Vagos


Tragedia de un Amor


El sol era muy intenso, a pesar de ser invierno quemaba como nunca la piel, el astro rey; en el ambiente monótono y tranquilo del lugar la ociosidad hacía de las suyas. Acostumbrado a esa rutina el presidente municipal de Acuitzio, cierto día se encontraba degustando un rico café en sus oficinas, cuando llegó Juanito Chavira acompañado de la bola de escuincles que se juntaban a jugar por las tardes a las orillas del pueblo. Bastante espantados le dijeron que por el Camino Grande junto al huisache, olía muy feo y que al acercarse vieron a un muerto.

Las autoridades efectivamente encontraron un cadáver en avanzado estado de descomposición; destacaban dos puñaladas a la altura del corazón, la mano derecha sostenía un pañuelo blanco, bordado con la inicial R, y un puñado de cartas arrugadas y manchadas de sangre; un sombrero negro estaba sobre el muertito. De lo poco que pudieron reconocer las autoridades al difunto fue que era un hombre blanco, de ojos y cabello oscuro, labios gruesos y nariz chata, portaba un pantalón café, camisa blanca, chaleco y saco negro; “era buena ropa”, al menos eso comento el presidente municipal y los testigos de su asistencia.

Al llevarse a cabo el levantamiento del cuerpo, se giro un exhorto a la población para la identificación del cadáver, terrible fue para la familia González, perteneciente al Rancho de Las Peñas, enterarse de la noticia del hallazgo de un muerto, puesto que su hijo menor, Meliton, tenía varios días desaparecido. Rápidamente el jefe de la familia, señor don Hilario González, prominente hacendado de la región, se dirigió con la autoridad municipal, solo para confirmar que se trataba de su vástago.

Iniciadas las investigaciones se interrogo primero a los familiares de Melitón. El hermano mayor, de nombre Jesús y con el que siempre había compartido todas sus andanzas, a pregunta expresa de las autoridades: ¿de quién sospechas? Y arrugando la frente con un gesto de lamento dijo - ¡yo se lo dije!. Le advertí que andar con esa mujer le traería problemas, el juez le inquirió – que a quién se refería, contundentemente respondió – a la viuda María de Jesús García. Entonces, narro que su hermano y la mencionada García sostenían un amasiato desde hacia varios meses, pero relativamente poco tiempo atrás todo había terminado, negándose ella a terminar la relación, recurriendo incluso a la brujería para retenerlo y no le extrañaría que ella lo hubiera matado, puesto que su hermano estaba por casarse con Ramona Fuentes, “muchacha de buena familia y sin compromisos”. De la misma forma, los padres del difunto declararon que efectivamente Meliton estuvo obsesionado un tiempo con María de Jesús, incluso la había presentado en el templo para casarse, pero que ellos se opusieron logrando que su hijo se alejara de aquella mujer e iniciara una relación con Ramoncita, joven de su total agrado, y quien precisamente era la dueña del pañuelo bordado, encontrado en la mano de él y destinataria de los escritos hallados en el cadáver.

Inmediatamente se giro la orden de aprehensión en contra de Maria de Jesús García por el delito de homicidio, al llegar los gendarmes al domicilio de la acusada se encontraron con la sorpresa de que tenia varios meses de no vivir ahí porque se había “arrejuntado” con don Antonio Núñez, una vez que había terminado su amasiato con Meliton. Sobre su paradero, se supo había partido a la ciudad de Morelia para atenderse de unos males físicos que la aquejaban .

Para continuar las investigaciones, se pidió a las autoridades de Morelia auxiliaran en el caso. Localizándola en la cama número 8 del hospital Civil de Morelia, inmediatamente se le interrogó y sin ningún remordimiento confeso haber matado a Meliton por amor y celos. Pues no podía creer que después de todos los momentos maravillosos que habían pasado juntos, “él la cambiara por la Ramona ”; había intentado de todo para retenerlo, fue con doña Chole, la santera para darle toloache, incluso salió con otros hombres para provocarle celos pero ni así consiguió despertar nuevamente en él, la pasión y amor que un día le profesara.

Así que, planeo todo: sabia que su amado Meliton pasaba todos los días por el Camino Grande, en punto de las 6 de la tarde, ahí lo espero pacientemente por fin en medio de la puesta de sol, observo a un hombre bien vestido, de complexión delgada y sobre todo muy guapo, ¡ era él ¡, sin dudar lo abordo para reclamarle su indiferencia, empezaron a discutir acaloradamente y cuando menos se dio cuenta, su amante sacó entre sus ropas un cuchillo para amenazarla de muerte: ¡ o me dejas en paz o te mato!- Asustada y dolida por el desprecio, se abalanzo sobre él, forcejearon y sin pensarlo, encajó el arma en aquel corazón que ya no era para ella. Melitón cayó instantáneamente, el verlo herido no conmovió a la mujer al contrario, le propino la estocada final, clavándole de nueva cuenta el arma en el corazón, a la vez que decía:-¡ si no eres para mi, no serás para nadie!......

Maria de Jesús fue condenada a 6 años de prisión, sin embrago, conservó una de las cartas que Meliton traía consigo a la hora de su muerte y aunque no eran para ella, todos los día leía una y otra vez esas líneas dedicadas a su rival de amores, pero que ella fantaseaba y aseguraba que su antiguo amor le había escrito:

Yo no se decir lo que en el alma
siento, tanto yo no se si el sufrir será
el consuelo de mi llanto ven y
calma este fuego que detona
mi pecho por piedad te lo
ruego que no olvides mi amor
por compasión ven a mis brazos
dueña, mi ángel de amor que
el que te adora, solo te ama
con el alma ven y consuela
el corazón que triste goza
y llora por tu amor.

Sep. 9, 1899.

Historia basada en el expediente N° 142 de 1891, del Juzgado Segundo de lo Penal de Morelia.
Autor: Eduardo Soto Báez. Escribiente del Archivo Histórico del Poder Judicial del Estado de Michoacán.