La muerte de doña María Trinidad Arias está cubierta de un gran misterio, sobretodo después de las cartas encontradas por la policía, en su casa; escritos que datan de los años de 1910 a 1914, período en el que la difunta vivió en Sonora, y donde se hizo de su gran amiga: Gregoria Olivo, al grado que cuando doña Trini se traslada a Morelia, le encarga a sus animalitos: un burro llamado el Teco, una gallina, la Chilchota, una gata, la Monita, y su guajolote, el Chiles Cierto tiempo despúes Goyita le pedirá, mediante misiva, a su amiga consejos sobre una situación amorosa y Trini para demostrarle su cariño y agradecimiento, le sugiere:
“no hagas caso de ese pretendiente que se quiere casar contigo, pues él no tiene mas bienes que su misma familia, no te conveniente”
Por lo visto, Trinidad era poseedora de un gran conocimiento en las cuestiones del corazón, pues era muy consultada por hombres y mujeres con problemas para atraer al ser amado. ¿Quién lo fuera a imaginar que ésta mujer con mas de 50 años no había conocido el amor?, ¡ que cosas de la vida ¡ Sin embargo, el destino le tenía deparada una gran sorpresa.
Hace años en Morelia se acostumbraba comprar el agua, en el Portal Allende, fue ahí que doña Trini conoció a don Lorenzo, hombre de aproximadamente 60 años, aún de buen ver, y con el paso del tiempo y con el trato, ella se fue enamorando. Diariamente ansiosa llegaba a surtirse del vital líquido, con la ilusión de ver al “aguador”. Pero, cual fue su dolor al enterarse que era casado.
Trini, conocedora de las artes para conseguir amores, puso en práctica todos sus conocimientos: conjuros, amuletos, rezos y demás utilizó para conseguir el corazón de don Lencho, pero no surtieron efecto. Repentinamente, doña María Trinidad enfermo, nunca se supo de qué... Asi, un día, los vecinos se percataron que no salía ya ni a surtirse de agua, lo cual era muy extraño; tocaron varias veces a su puerta y después de insistir y no recibir respuesta, mandaron llamar a las autoridades. Los gendarmes que entraron encontraron su cuerpo inerte y en las manos fuertemente apretadas, sostenía hojas escritas con los poemas dedicados a su fallido amor:
“ Dices que eres él mismo que en tu pecho la llama de otros tiempos arde que el nido del amor no está deshecho que para amarnos otra vez no es tarde; te engañas no lo creas ya la duda hecho en mi corazón fuertes raíces, mi fe en el amor perdida es ancla de un ave destrozada , ancla en el fondo de la mar caída.Hace tiempo se fue la primavera llego el fúnebre invierno sombrío se fue nuestro amor, ave viajera y las aves se van cuando hace frió.”
Las autoridades dijeron que falleció de muerte natural, pero para la gente del barrio a doña Trinidad le dio mal de amores. ¡Que contrariedad, para otros, los remedios del corazón recetados por Trini tenían gran efecto por lo visto para ella, no.
Historia basada y adaptada del expediente número 153, del año de 1935, del Juzgado Primero Penal Morelia.
Autora: Catalina Saenz Gallegos. Maestra en Historia, UMSNH./ Eduardo Soto Baez escribiente del AHPJ.
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