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El Muerto de la Barranca


Remedios para el corazón


El Soldado sin cabeza


Obsesión


EL SOLDADO SIN CABEZA

 

Pasión Secreta


Los Vagos


Tragedia de un Amor



Tétricos y macabros eran los pasos que detrás de la tropa a cada marcha, se escuchaban en el regimiento.

Cuando se daba el toque de queda en el cuartel, todos los soldados entraban a sus dormitorios, encerrándose a palo y llave para no dejar entrar paso alguno; después de la medianoche ya nadie quería salir, ni siquiera asomar los ojos hacia afuera.

Dicen que, hasta el General más valiente y temido por los uniformados, temblaba al ver pasar al soldado sin cabeza.

Los gendarmes se acobardaban sobresaltándoles el corazón al oír los largos y tristes gemidos que les penetraban hasta los huesos.

Cierta tarde notaron que en la tropa había un lugar vacio y, meses después llegaron al regimiento unos niños informando de un cadáver en descomposición encontrado en la “Huerta”, un poblado cercano a Maravatio.

Al ir a inspeccionar se dieron cuenta que se trataba de un soldado el cual ya presentaba algunos días de estar muerto pues la cabeza estaba tirada a escasos metros del cuerpo y por lo mismo fue difícil apreciar de quien se trataba. El cráneo estaba sin cuero cabelludo faltándole dos dientes y la orbita del ojo derecho. Al descubrírsele la mano izquierda, se dieron cuenta que le faltaba el antebrazo y que a la altura del codo estaba mordido por animales.

Cuentan que el soldado había sido en vida, una persona estrictamente disciplinada y muy valiente.

Muchas eran las versiones que se daban en torno a lo sucedido, desde muerte pasional hasta venganza familiar, nunca se esclareció el móvil del crimen pero sí se explico de esa forma la aparición de tan temible espanto. Desde entonces se escucha recorrer desde el cuartel hasta la ladera los pasos y gemidos de un alma en pena buscando lo que los gusanos le comieron.

J1º Penal, Maravatio, 26/1943, 17 fojas.
María Guadalupe Estrada Chávez