Cierta tarde notaron que en la tropa había un lugar vacio y, meses después llegaron al regimiento unos niños informando de un cadáver en descomposición encontrado en la “Huerta”, un poblado cercano a Maravatio.
Al ir a inspeccionar se dieron cuenta que se trataba de un soldado el cual ya presentaba algunos días de estar muerto pues la cabeza estaba tirada a escasos metros del cuerpo y por lo mismo fue difícil apreciar de quien se trataba. El cráneo estaba sin cuero cabelludo faltándole dos dientes y la orbita del ojo derecho. Al descubrírsele la mano izquierda, se dieron cuenta que le faltaba el antebrazo y que a la altura del codo estaba mordido por animales.
Cuentan que el soldado había sido en vida, una persona estrictamente disciplinada y muy valiente.
Muchas eran las versiones que se daban en torno a lo sucedido, desde muerte pasional hasta venganza familiar, nunca se esclareció el móvil del crimen pero sí se explico de esa forma la aparición de tan temible espanto. Desde entonces se escucha recorrer desde el cuartel hasta la ladera los pasos y gemidos de un alma en pena buscando lo que los gusanos le comieron.
J1º Penal, Maravatio, 26/1943, 17 fojas.
María Guadalupe Estrada Chávez |